jueves, 2 de octubre de 2008

Catarsis


Aunque hay personas que brillan por su insensibilidad, hay personas que logran sentir más allá de las emociones, supongo que esto sucede por la ley del equilibrio, de la que tantas veces podremos llegar a sentir a lo largo de la vida...


Cada vez que he ido a algún lugar desconocido para mí es un proceso de experimentación continua, no me gusta quedarme en la simplicidad del tiempo, ni de las cosas más conocidas, prefiero ser detallista, examinar cada rincón, cada baldosa, o en este caso el alquitrán con el que están construidas la mayoría de las aceras. La mayoría puede pensar que es algo tosco o antiestético pero la verdad es que es lo más práctico, si no hay baldosas es más difícil tropezar con una que esté suelta, algo que a todos nos ha pasado algún que otro día y hemos maldecido al ayuntamiento por el mal mantenimiento del firme.

Esta vez había algo peculiar que rompía la rutina, algo inesperado que en cada momento nos obligaba a centrarnos en el instante que estábamos viviendo, algo que por si desconectábamos en algún momento y evadíamos la realidad, nos obligaba a pensar: ahora mismo estás en Londres, cruzando una calle lejos de tu hogar, tu rutina y tu vida convencional, se consciente de donde estás aunque tan solo sea para mirar al cruzar...


Escapó uno de mis deseos más ansiados, pero no me supo mal, dado que faltaba la persona adecuada para revivir esas escenas románticas que tantas veces habré visto a lo largo de mi vida, en la película favorita, se perfectamente que ninguno de los compañeros de viaje se sienten menospreciados con estas palabras, cada uno de ellos brilla a su modo, digo a su modo porqué es imposible buscar similitudes entre ellos, no somos bombillas fabricadas en cadena en una industria, porqué empezando por la base de esta descabellada idea, nuestras madres no son maquinas que hagan productos iguales.

Lo bueno de esta vida es relacionarse, conocer, comprender, todos tenemos defectos y virtudes y lo bello es saber ver las dos cosas, porque si sólo pudiéramos observar una de estas dos partes, no podríamos decir que conocemos de veras a esa persona, me encantó cagarla continua e inconscientemente soltando un to you en vez de your welcome y ver las caras de, no puede ser, lo ha vuelto a hacer, disfrutar de pasteles cuyos nombres son demasiado anglosajones para reposar en mi memoria, jugar con las ardillas en el James Park, esbozar sonrisas cuales niños con la ilusión de ver a los reyes magos en navidad al salir de la boca de metro de Picadilly Circus, emocionar y soñar con un día hacer la compra de la semana en Harrods, comprar algo en Oxford Street que nos recuerde que una vez estuvimos allí, los cuatro, viviendo el momento...

Espero haber transmitido mínimamente la catarsis que siento en cada uno de los viajes, esta vez, la parada fue Londres, a saber cual será el próximo...

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